LEYENDA: FENRIR, EL LOBO GIGANTE
Fenrir, hijo del dios Loki y de la gigante Angrboda, era un cachorro de lobo cuando los dioses lo llevaron al Asgard. Solo el dios Tyr se atrevía a alimentarlo, pero el lobo crecía cada día y las profecías anunciaban que sería la perdición de Odín. Los dioses decidieron encadenarlo antes de que fuera demasiado tarde.
Dos cadenas de hierro, Loeding y Dromi, se rompieron como si fueran hilo. Entonces los dioses encargaron a los enanos la cinta Gleipnir, forjada con seis ingredientes imposibles: el ruido de la pisada de un gato, la barba de una mujer, las raíces de una montaña, los tendones de un oso, el aliento de un pez y la saliva de un pájaro. Era suave como la seda y más fuerte que cualquier cadena. Para que Fenrir aceptara probarla, Tyr puso su mano derecha en las fauces del lobo como garantía de buena fe.
Cuando Gleipnir se tensó y Fenrir comprendió el engaño, cerró las mandíbulas y Tyr perdió la mano: desde entonces el dios es manco. Los dioses ataron al lobo a una roca y le clavaron una espada en el hocico para mantenerlo abierto; su saliva formó el río Von. Allí espera encadenado hasta el Ragnarök, cuando se liberará y devorará a Odín.