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FIESTAS Y CALENDARIO VIKINGO

El año vikingo giraba en torno a tres grandes fiestas de sacrificio (blót), en las que se ofrecían animales (y, según algunas fuentes, también personas) para ganar el favor de los dioses, seguidas de banquetes donde la carne se compartía y la hidromiel corría. Era religión y política a la vez: quien ofrecía el banquete mostraba su poder y reunía a sus aliados.

La más famosa era el Yule (jól), el pleno invierno: doce noches de fiesta alrededor del solsticio, con jabalí sacrificado a Freyr, brindis por Odín y promesas solemnes para el año nuevo. De ahí vienen el tronco, el jamón y hasta el brindis navideño que todavía celebramos. En primavera llegaba el Sigrblót, el sacrificio por la victoria antes de la temporada de campañas, y en otoño las Noches de Invierno (vetrnaetr), que marcaban el inicio del año con un blót a los elfos y a los antepasados (álfablót).

Hay que decirlo con honestidad: las fuentes son fragmentarias y tardías, escritas por cristianos siglos después. Mucho de lo que se cuenta sobre estas fiestas mezcla testimonio histórico con reconstrucción moderna. Pero el esqueleto es sólido: un calendario de tres estaciones, fiestas que unían lo sagrado con lo social y un invierno que se combatía, como hoy, comiendo y bebiendo juntos.