MÚSICA Y POESÍA VIKINGA
De la música vikinga sobrevive poco, pero la arqueología y las sagas dejan claro que era parte central de la vida: en los banquetes, en el Thing y en la batalla. Se han encontrado flautas de hueso (como las de York), sonajas y posibles tambores de marco, además de la lira de Kravik, una cítara de madera del siglo XIV que desciende de instrumentos mucho más antiguos. El cuerno de guerra más famoso, el lur de bronce, es en realidad de la Edad del Bronce, pero los vikingos usaron cuernos de señales y el arpa nórdica de cuerdas de crin (tagelharpa) para acompañar cantos.
La gran arte verbal era la poesía skáldica, obra de los skalds que ya aparecen en la página de rangos. Su metro más exigente, el dróttkvætt, imponía ocho versos con aliteración, rima interna y conteo exacto de sílabas: un sudoku sonoro que solo los mejores dominaban. Los poemas elogiaban a reyes y jarls, conservaban genealogías y contaban hazañas, funcionando como crónica y propaganda a la vez.
El corazón de esa poesía eran las kenningar, metáforas de dos palabras: el mar era "el camino de la gaviota", la sangre "el rocío de la espada" y el oro "el fuego del brazo". Según el mito, la poesía misma nacía del hidromiel de Kvásir (ver Leyenda: Origen de la Hidromiel), y su dios patrón era Bragi, el poeta de los dioses. Quien dominaba las kenningar dominaba la memoria del pueblo.