ES | EN | IT

ARTE VIKINGO

El arte vikingo no buscaba retratar la realidad sino enredarla: animales estilizados, cintas entrelazadas y espirales cubren broches, piedras rúnicas, barcos y portales de iglesias. Los historiadores distinguen seis estilos sucesivos, bautizados según sus hallazgos más famosos, que permiten fechar casi cualquier objeto nórdico con solo mirarlo.

El recorrido empieza con Oseberg (775-875), de bestias de presa con patas prensiles del famoso barco noruego; sigue con Borre (850-950), de animales agarrándose unos a otros en simetría tensa; y Jellinge (900-975), con sus características cintas en forma de S de las piedras del rey Harald Diente Azul. Después vienen Mammen (960-1020), de gran hacha ceremonial danesa con motivos vegetales y un ave con espirales; Ringerike (1000-1075), de zarcillos elegantes y leones enredados en tallas de piedra inglesas y noruegas; y Urnes (1050-1150), de galgos alargados mordiéndose entre líneas finas, inmortalizado en el portal de la iglesia de madera de Urnes, Patrimonio de la Humanidad.

Más allá de la belleza, el arte era identidad: un broche de estilo Borre decía de dónde venías tan claro como un acento. Y no era solo decoración de élite: peines, cucharas y cofres humildes llevan los mismos entrelazos, porque en el mundo vikingo hasta lo cotidiano merecía ser hermoso.